El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Una nueva canción


Lamentablemente en la elección del viernes se confirmaron algunos anticipos.

El primero es que el gobierno no había logrado polarizar la elección ya que la temprana salida del PRO en la elección de CABA y el apresamiento de Cristina Fernández de Kirchner lo había dejado sólo en la cancha, que no es el partido que a Javier Milei le gusta jugar. A Milei le gusta tensar, forzar, no moderar.

También acertamos al sospechar que al oficialismo nacional le interesaba perder en sepiembre para generar un efecto pánico y ganar así en octubre. Claro que a nadie le convenía semejante paliza. Pero para ganar hay que sumar y el ofcialismo no hizo otra cosa que despreciar a los más cercanos y obtuvo a cambio una gran caída en su caudal electoral.

En cambio, el peronismo logró una valiosa unidad y, de esa manera, se mantuvo en torno de sus promedios históricos. Pero, además, dirimió una interna que terminó por favorecer al Gobernador. Axel Kiciloff acertó al desdoblar los comicios, tanto para esta elección como para poder construir un proyecto provincial con mayor entidad. Atrás, literalmente, quedó Sergio Massa, en tercera fila, en el escenario, mientras la ex presidente intentaba competir en los horarios con su antiguo discípulo con sus salidas al balcón.

Al final, el joven TNT logró que lo que la gente identifica como peronismo deje de cantar "una que sepamos todos" (Los Muchachos Peronistas) para cantar nuevas canciones o una que al menos no sepamos. Tal vez quiera imponer la Canción de Quilapayún, que fuera adoptada por la Segunda Internacional y posteriormente se constituyera Himno de la Unión Soviética.

Entre nuestros temores no confirmados, gracias a Dios, estuvo para participación electoral. Sumados la abstención a los votos blanco y nulo, alcanzaron el 43 por ciento (6,3 millones). Eso los coloca en el primer lugar entre los elegidos (aunque sea por omisión, obviamente). Lo siguieron Fuerza Patria con el 26 por ciento (3,8); LLA con el 19 (2,7); Somos, 3 (0,4), y el FIT, 2,4 (0,3).

Tampoco acertamos con la posible reacción presidencial, que emergió con mucha firmeza y logró conducir el proceso. Aunque sin más cambios que rediseñar su mesa política no irá muy lejor.+)

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