El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Proceso en suspensión

 

El fallo de la Corte Suprema que condenó a Cristina Fernández de Kirchner tuvo un efecto suspensivo en el proceso electoral. Porque, si bien llegó muy avanzado el año, aún no asoman candidatos ciertos en la provincia de Buenos Aires. Por eso, la inhabilitación de la ex Presidente para presentarse a cargos electivos produjo un terremoto electoral.

Los dos principales contendientes quedaron paralizados. Los Libertarios porque se jugaban a vencer al kirchnerismo en Buenos Aires y, de esa manera, destronar a la vez a Mauricio Macri y a Cristina de la política argentina; y el peronismo, porque confiaba en la viuda de Néstor Kirchner como la única que podía enfrentar dignamente al huracán violeta.

Con las pocas elecciones que hubo hasta ahora ya podríamos decir que la baja participación electoral es generalizada pero que implica un voto implícito al oficialismo, que la gente quiere que se mantenga el status quo -llámese, triunfo de los gobiernos locales con excepción de CABA-, que La Libertad Avanza gana o se acomoda como contrincante en todos los distritos, que el peronismo kirchnerismo perdió gravitación a nivel nacional y que el Pro virtualmente ha desaparecido como actor electoral relevante.

Con este escenario es más fácil saber cómo se bosquejará el 2027 que adivinar cómo se resolverá la elección bonaerense en 2025. Porque parece lógico pensar que en las elecciones de 2025 se empezarán a insinuar candidaturas nacionales para 2027. Habrá quienes quieran ser parte o herederos de este Gobierno, el peronismo kirchnerista intentará un candidato propio que pueda tensar con los libertarios y sería lógico pensar que aparezca un candidato moderado en el interior; alguien que represente a la región centro o al peronismo federal, o inicialmente ambas cosas.

Pero es difícil visualizar lo que está por suceder en septiembre y en octubre; porque parece que es difícil que se retraiga la decisión de desdoblar. En principio, podemos decir que el Kiciloffismo quedó desplazado de la escena. Hay quienes creen que Máximo Kirchner o Verónica Magario puedan ocupar el lugar que deja vacante Cristina. ¿Qué hará Sergio Massa? Es la figura de la unidad en el corto plazo y puede pretender proyectarse a 2027, pero no parece que pueda salir bien parado de esta elección, si juega, o proyectarse a la siguiente si no juega en ésta.

Hasta los sindicatos queradon en falsa escuadra. No saben qué hacer. Nadie sabe qué hacer. Por lo tanto, será una elección para el kirchnerismo, que perderá contra el oficialismo nacional. Excepto que jueguen a la abstención electoral, que puede ser un peligrosísimo vaciamiento de legitimidad del sistema republicano, ya bastante debilitado.

El proceso quedó como suspendido en el aire y falta solamente un mes para la presentación de candidaturas.+)

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