El presidente argentino Javier Milei obtuvo su primer logro político luego de haber sido ratificado en las urnas, en las elecciones de medio término, en octubre.
La Argentina no tenía un presupuesto aprobado por ley desde Noviembre de 2022, cuando el presidente era aún Alberto Fernandez.
Esta votación le permitió revalidar su capacidad de gestión, ya que logró lo que ningún gobierno no peronista pudo desde el retorno a la democracia de 1983: obtener una mayoría en el Senado; y en solo dos años logró también la primera minoría en Diputados.
No se trata de votos propios, de los que suma muy poco en ambas cámaras, sino un conglomerado de bloques y minibloques que le permiten sentarse a negociar cómodamente con aquellos que le dan el quórum.
No cabe duda de que Milei es un perro verde, una mosca blanca, porque es un referente de ideas que hasta hace muy poco eran minoritarias en la Argentina y que logró, con una dialéctica purista, una gestión altamente pragmática. No tiene ningún prurito para acordar con lo más rancio de lo que él mismo bautizó como “la casta política” y, al mismo tiempo, no le tembló el pulso para despedir a nadie sin que su base de popularidad varíe peligrosamente.
La gente le cree. Pero sólo a él. No le cree tanto como para votar a sus elegidos. De hecho, el 7 de septiembre sus candidatos perdieron por catorce puntos en la provincia de Buenos Aires para los cargos provinciales y municipales y el 26 de octubre le ganó, aunque por pocos votos, a los candidatos del gobernador peronista Axel Kicillof.
Es que el de Milei es un gobierno de transición, que vino a realizar un ajuste sin precedentes con apoyo popular -muy similar al que ostentó el Proceso de Reorganización Nacional, de cuyo golpe de Estado se cumplirán este año 50 años- pero que no tiene el futuro asegurado.
De hecho, para lograr la aprobación del Presupuesto tuvo que conceder algo que pensó que el contundente triunfo de octubre le facilitaba; pocos meses antes de las elecciones había realizado un ajuste visible en dos áreas socialmente sensibles, la salud infantil y la discapacidad. Había quienes aseguraban que a eso se debía la mala performance electoral de septiembre. Pero con la ratificación electoral de octubre insistió en hacer aprobar esos feroces recortes en el Presupuesto. Pero sus aliados le impusieron la aprobación sin esos recortes.
La primer reacción del presidente argentino fue mala: dijo que de esa manera no le servía el presupuesto y que lo vetaría. Por unos días parecía que el efecto de octubre se disipaba rápidamente en la atmósfera política. Afortunadamente el ingreso en el Senado de su aliada, la ex candidata presidencial por el Pro Patricia Bullrich, evitó que el proyecto naufragara en la Cámara alta y que el Presidente aceptara la nueva ley sin chistar ni lamentar.
Quedaron para febrero la aprobación de una modernización laboral, por un lado, y una reforma tributaria por el otro. Se esperan sus aprobaciones, sin más. Pero Milei parece concentrado en la segunda etapa de su gobierno con la mira puesta en la región. Luego de despreciar inicialmente a sus vecinos ahora parece celebrar las victorias de Rodrigo Paz y de Antonio Kast en Bolivia y en Chile, respectivamente, y mostrarse como un bloque que se completa con Santiago Peña y Daniel Noboa, de Paraguay y El Salvador; ya no se muestra tanto con Bukele aunque sigue muy alineado al norteamericano Donald Trump y su proyecto continentalizador americano, una especie de ALCA II.
Por eso llama tanto la atención que haya reactivado las gestiones para levantar las restricciones para la venta de armas a la Argentina, en pleno rearme de unas Fuerzas Armadas que habían llegado prácticamente a la indefensión, y habló con The Telegraph de visitar Gran Bretaña en abril o mayo sin que eso implique renunciar al reclamo de soberanía sobre las Malvinas.
Pareciera que, en esta segunda fase, ya no estará tan concentrado en la economía -ni mucho menos en la política vernácula, que le provoca alergia- sino en algún tipo de liderazgo internacional, ¿y qué me dicen si esas gestiones culminan con un avance argentino sobre las islas que proyectan al continente antártico, con la excusa de cerrarle la puerta al gigante asiático?
Cada vez se habla más de la instalación de una base norteamericana en Malvinas con presencia de las tres banderas.+)

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