El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Milei: el renacido

 

El viernes pasado, el Goobierno nacional empezaba a sentir la incertidumbre de los mercados en sus principales indicadores: un riesgo país que había trepado a 1400 puntos, los bonos y acciones que empezaban a pronunciar la curva de caída, una volatilidad cambiaria que había perforado el techo de la flotación del dólar y que el Gobierno intentaba frenar vendiendo cientos de millones de dólares que empezaban a comprometer el cumplimiento de sus obligaciones financieras.

Políticamente, el Presidente podría haber evitado este desgaste acelerado de su poder si hubiese cumplido con lo que anunció la fatídica noche del domingo 7 de septiembre, cuando su partido perdió por trece puntos contra el peronismo del gobernador bonaerense, Alex Kiciloff, y hubiese desplazado al equipo político que lo había conducido a esa derrota.

Pero algo se interpuso en su camino a las pocas horas de aquel discurso que lo mostró de pie y determinado: su hermana, la responsable de ese resultado electoral de la crítica situación política en la que se encontraba. Es evidente que el vínculo entre ambos es tan intrincadamente simbiótico que Javier Milei prefirió sacrificar algunas vacas sagradas de la economía para evitar confrontar con ella: dejó que el dólar flote hacia la parte superior de la banda y permitió la baja de las tasas de interés que enfriaban la economía.

No obstante, y según trascendió, el Presidente intentó desplazar a Eduardo "Lule" Menem de la jefatura de la campaña electoral. De hecho, se anunció su reemplazante pero más tarde se relativizó la salida de sobrino del ex presidente de alta influencia sobre Karina. Asimismo, se había rumoreado que ella no acompañaría al Presidente a una gira a Córdoba y luego a Nueva York, pero en ambos casos se mostró públicamente a bordo de las comitivas.

El Congreso lo desafió insistiendo en contra del veto de tres leyes, doblegando la voluntad presidencial por el equilibrio fiscal. Por ese camino, al Presidente sólo lo quedaba esperar a que crezcan los rumores de una asamblea legislativa. 

Hasta que, durante el fin de semana anterior, se empezó a hablar de un encuentro con el presidente norteamericano, Donald Trump, y de un acuerdo por 30.000 millones de dólares que pronto se fueron haciendo realidad -el swap que se aunció formalmente fue por 20.000- y a lo que el Gobierno Argentino agregó el anuncio de una rebaja total de derechos de exportación a los principales cultivos que después se extendió a la carne con el objeto de hacer ingresar 7000 millones de dólares en el corto plazo.

La reacción fue tal que los mercados regresaron sus posiciones hasta los niveles previos a la derrota electoral, como si nada hubiera pasado.

La elección del 26 de octubre sigue estando lejana en el tiempo, pero es posible que una recuperación electoral sea verosímil para los mercados y Milei haya conseguido el tiempo que parecida acabado al viernes anterior.

Lo que sigue pendiente es buscar un acuerdo de gobernabilidad con sectores de la oposición.+)

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