Jorge García Cuerva hizo una carrera meteórica en la jerarquía eclesiástica. Desde que se ordenó estuvo como vicario y párroco en La Cava; de ahí saltó como obispo auxiliar en Lomas de Zamora y, enseguida, a la Rio Gallegos en pleno Kirchnerato. La consagración fue el Arzobispado de Buenos Aires.
Pero, a partir de ahí, el Papa Francisco nominó a Santiago del Estero como diócesis primada de la Argentina y digitó la presidencia del Episcopado para favorecer a San Isidro en la persona de su obispo, Mons. Oscar Ojea, primero, y a la Mendoza de Marcelo Colombo, después. Finalmente, al correr a su alfil villero, Gustavo Carrara, a La Plata parecía que García Cuerva estaba cocinado.
Los mentideros apuntaban a ciertas fotos, videos y permisos incorrectamente dados, como causantes de su desgracia.
Sin embargo, hábil de reflejos, a poquito de fallecido el Papa Francisco, convocó a la feligresía a una misa en la Catedral Metropolitana desde donde acaparó la atención del público.+)
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