La Malvinización

 

El presidente Javier Milei habló ayer a los argentinos por la cuestión de Malvinas, un asunto que viene elevando su volumen en los últimos meses.

Lo hizo en cadena nacional, un recurso habitual en Milei pero que está más vinculado a circunstancias extraordinarias, tales como pudieron haber sido las propias de aquella guerra que enfrentó a la Argentina con Inglaterra por la recuperación de las islas en 1982. En ese tiempo se los llamaba comunicados, que Charly García inmortalizó en su canción "No bombardeen Buenos Aires", compuesto en aquellas circunstancias.

Aún cuando la causa de Malvinas es transversal a todos los argentinos, lo que es llamativo es que Milei haya utilizado muchos recursos del nacionalismo en su discurso. Es cierto que no es la primera vez que lo hace; pareciera que intenta retener a los votantes que le aportó su compañera de fórmula Victoria Villarruel. 

Pero en este caso podría haber otro motivos. Porque es como si hubiera forzado la marcha de un proceso que viene progresando en los últimos años y que se manifestó sonoramente hace unos meses cuando el Departamento de Estado de los Estados Unidos filtró un non paper a la prensa que publicó la agencia Reuters en el que decía que Donald Trump había pedido revisar la postura norteamericana sobre la soberanía de las islas Malvinas.

El circunstancia era el conflicto mesooriental, pero el contexto era la relación entre los EE. UU. y la OTAN, a quien Trump exige desde su primer presidencia una mayor inversión en defensa.

El mandatario norteamericano ha manifestado reiteradamente su frustración por la falta de apoyo europeo, en general, y británico en particular, en la guerra con Irán. No tan pública es su posición respecto de las dudas que le merece la posición británica para con los chinos, con los que la corona mantiene intereses compartidos. 

Trump pareciera ir armando el expediente con su amigo Milei para asegurar que en un futuro no muy lejano el Atlántico Sur quede a salvo de las intromisiones chinas. Algo parecido a lo que declamó sobre Groenlandia en los primeros días de su mandato y realizó luego sigilosamente en las bases. Este ordenamiento es una cuestión de geopolítica global, que exceden enormemente lo que Milei pueda o quiera hacer con Malvinas.

Por lo pronto, nadie había notado tan preocupado a Milei por las cuestiones militares -con respecto al necesario rearme, por ejemplo- hasta que asumió sus responsabilidades presidenciales. Sus aspiraciones en ese sentido eran muchísimo más modestas de lo que los Estados Unidos finalmente le habilitó realizar. 

Para finalizar, tenemos que osbservar la secuencia para darnos cuenta que hay un derrotero claro tendiente a aclarar las aguas en el Atlántico Sur. Anoche, en el fárrago de la pasión malvinera, Milei anunció finalmente la construcción de una base naval integrada, que es la luz de los ojos del Comando Sur.

Nada de esto quiere decir que no pueda tener un efecto electoral en la Argentina en 2027, sino que hay razones de fondo que justifican tales coincidencias.+)

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