El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Faltó un anuncio

Los discursos de apertura de las sesiones del Congreso son habitualmente usados por los presidentes de turno para ganar la iniciativa del año por venir y sentar agenda con algún gran anuncio. Más aún en un año presidencial. Sospecho que el Presidente tenía todas las fichas a anunciar el acuerdo con el FMI y el consecuente levantamiento del cepo, porque el próximo acuerdo fue el anuncio más destacado; el de la reforma impositiva luce aún incompleto, al igual que el acuerdo de libre comercio con los EE. UU.

Hace dos semanas habiamos dicho que la crisis de la cripto pasaría. Que un logro importante la dejaría atrás. Pensábamos en un acuerdo con el Fondo que dejé atrás años de inestabilidad económica. La gira norteamericana de Milei, de hecho, neutralizó esa crisis, pero no llegó a enterrarla por falta de anuncios.

El discurso en el Congreso, vacío de novedades, dejó un extraño sabor, con la exclusión de la prensa y el masivo faltazo opositor ¿Qué ganó el Gobierno con esa presentación? Al día siguiente de la cadena nacional, tuvo que brindar una entrevista pafra abundar en explicaciones. 

El oficialismo parece interesado en quedarse con los votantes del Pro. Pero las designaciones de supremos por decreto y el estilo beligerante van en sentido contrario. 

Excepto por el alto voltaje de las discusiones, el 2025 no parece todavía un año electoral.



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