El presidente Javier Milei habló ayer a los argentinos por la cuestión de Malvinas, un asunto que viene elevando su volumen en los últimos meses. Lo hizo en cadena nacional, un recurso habitual en Milei pero que está más vinculado a circunstancias extraordinarias, tales como pudieron haber sido las propias de aquella guerra que enfrentó a la Argentina con Inglaterra por la recuperación de las islas en 1982. En ese tiempo se los llamaba comunicados, que Charly García inmortalizó en su canción "No bombardeen Buenos Aires", compuesto en aquellas circunstancias. Aún cuando la causa de Malvinas es transversal a todos los argentinos, lo que es llamativo es que Milei haya utilizado muchos recursos del nacionalismo en su discurso. Es cierto que no es la primera vez que lo hace; pareciera que intenta retener a los votantes que le aportó su compañera de fórmula Victoria Villarruel. Pero en este caso podría haber otro motivos. Porque es como si hubiera forzado la marcha de un proceso...
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La asunción del presidente uruguayo Luis Lacalle Pou presentó un fuerte contraste con respecto a sus vecinos argentinos; particularmente en las delegaciones extranjeras.
Su discurso no fue tan distinto que el de Alberto Fernández. Ambos vistieron formalmente y reconocieron sus antecedentes republicanos. El argentino cita reiteradamente a Raúl Alfonsín, incluso más aún que a Néstor Kirchner. Pero sus gestos para con los opositores es quejoso y limitado.
El discurso de Lacalle hijo fue más generoso es pluralismo; no echó culpas a nadie ni refirió a ninguna herencia recibida. Es que Uruguay tiene mejores pergaminos para mostrar en materia de alternancia partidaria y cumplimiento de los mandatos.
Pero Lacalle habló de unidad y se cuidó de lastimar a sus contrarios, como prenda de compromiso para hacerlo efectivo.
La concepción de la política como servicio también es un diferenciador.
Si bien Uruguay es un país laico y el rol de la Iglesia es menor al que tiene en nuestro país, Lacalle lució una familia extendida en tres generaciones y homogénea.
"Cuidaremos cada peso del contribuyente", dijo apelando a la austeridad.
Habló de brindar seguridad a los uruguayos y dijo que apoyará a los uniformados; "vamos a cuidar a los que nos cuidan", explicó. "No estamos dispuestos a ceder teritorio a la delincuencia, al narcotráfico, y vamos a perseguir al abijeato que causa daños en el interior del país".
Lamentó el proceso de anomia en algunos lugares del país y les atribuyó la pérdida de la paz ciudadana. Abordó también la cuestión educacional, la social y la ambiental. Finalmente, se comprometió a defender los derechos de todos.
"Si al fin del período los uruguayos son más libres, habremos hecho bien las cosas", concluyó. "Llegó la hora de hacernos cargo; llegó la hora de hacerme cargo, ¡viva la patria!"
Contrastes
Pero el mayor contraste se reflejó en las misiones que asisitieron a ambas ceremonias.
En Montevideo estuvieron el rey Felipe de España; el presidente brasileño, Jair Bolsonaro; el paraguayo, Mario Abdo Beníte; el chileno, Sebastián Piñera, y el colombiano, Iván Duque.
A Buenos Aires llegaron solamente Abdo Benítez, Tabaré Vazquez y Luis Lacalle Pou; el resto fueron representantes bolivarianos, como Pepe Mujica y señora, Rubén Correa y Fernando Lugo, entre otros.+)
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