El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Ganadores y Perdedores

Tres interesantes notas. Dos de hoy de Perfil: la columna de Jorge Fontevecchia, en la Contratapa, titulada "¿Ganó Scioli?", y la de Roberto García, "Preguntas con Respuestas", en la que conjetura hipótesis parecidas. El jueves, en Ambito, Ignacio Zuleta escribió La política líquida y el mito de fin de ciclo", con análisis similares.

Para este blog, hay un gran ganador de este cierre de listas, valga la paradoja: el bipartidismo. No el sistema de partidos que, como dice Zuleta que cita a Steven Johnson en "liquid democracy", se deteriora cada día más; sino, más bien, a los dos polos de opinión: uno, social cristiano, y otro, liberal progresista; o peronismo y radicalismo.
En ste primer momento, los primeros tenderán a elegir entre un continuismo crítico, el que liderará Sergio Massa, o el de un perfil más directamente opositor, en donde Francisco de Narvaez parece tener la voz cantante. El peronismo federal se ha vuelto una opción provincial.
El sector de de Narvaez y Mauricio Macri, el PROperonismo, que tuvo su momento estelar en 2009, no ha sabido construir una alternativa interesante y serán los grandes perdedores de esta elección. De a poco, los segmentos críticos al kirchnerismo se irán inclinando a dirigentes que, como Massa, presentarán un perfil superador, y el llamado UniónPRO sufrirá la fatalidad de un síndrome político: "el que saca, no pone".
Massa triunfará en la provincia de Buenos Aires, pero no será el único ganador. El radicalismo o la centro izquierda terminará sumando más a nivel nacional. Hará una muy buena elección en los principales distritos electorales y en los pequeños, en donde tiene presencia federal; incluso, ganará distritos importantes, como Mendoza, tal vez Córdoba, la emblemática Santa Cruz y tal vez otros, que prevé disputar, como capital, Chaco, La Rioja, Corrientes.
Por su parte, el oficialismo quedará en segundo término en materia de votos nacionales. Daniel Scioli intentará encabezar esa parcialidad puramente oficialista, aunque en versión crítica ya que el oficialismo parecería terminar efectivamente en 2015. La mayor parte de los gobernadores deberán quedarse en este espacio; algunos, saltarán al massismo.
Es probable, también, que el radicalismo no sepa aprovechar la circunstancia. Puede elegir a su mejor candidato o intentar alguna patriada. Depende de como resuelva esa ecuación, tendrá mayores o menores chances.
Hay muchos interrogantes, sobre la manera en que Cristina Fernandez absorverá estas nuevas realidades, que inclinarán la balanza en favor de unos o de otros.+)

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