El cuarto triunfo de Lula

El triunfo de Lula da Silva en el balotaj merece algunas consideraciones en cuanto al impacto sobre la Argentina de Javier Milei. La primera es el pragmatismo de Milei, que es tanto como el idealismo que se desprende de sus expresiones. En sus casi tres años de gobierno, la relación comercial entre la Argentina y Brasil no solamente  no se contrajo sino que se mantuvo o hasta creció. Más aún, a pesar de sus expresiones contra los proteccionismos, la mitad del intercambio se debe al mercado automotriz. Para ilustrarlo vale aclarar que lo mismo puede decirse de la relación con China, que se mantuvo en volúmen y mejoró en materia de saldo favorable. Si Milei es pragmático, mucho más es lo que puede decirse de Lula, que es un clásico exponente de la dirigencia socialdemócrata europea. Por más que durante este último período se lo vio más descentrado, en la campaña y en el mensaje de anoche emitió señales inquívocas de que en el venidero su vicepresidente, Geraldo Alkmin -un experimenta...

Camino Obstaculizado

Dos testimonios escuchados en la intimidad, provenientes de ópticas diferentes, reflejan una misma sensación: la Presidente tiene el boleto picado, como diría Jorge Asís.
Un encuestador serio dice que Ella pierde de a dos puntos porcentuales desde diciembre y que habría encontrado su piso en septiembre, en 30, cifra que afirma corresponder al núcleo duro K.
El hombre interpreta que las acciones y discursos presidenciales apuntan a fortalecer y a asegurar esa base, y que eso polariza aún más a la sociedad ya que aleja al quince o dieciséis por ciento de indecisos que abandonaron paulatinamente al kirchnerismo.
Hubo una primer ruptura de la gente con el kirchnerismo -con niveles parecidos a los mencionados- en 2008/09, pero que sólo fue superada por el efecto producido por el fallecimiento de Néstor Kirchner.
El politólogo presume que ese segmento que dejó de sintonizar con el planeta K sufre lo que ha dado en llamar un "cansancio cultural", comparable al vivido por la sociedad en 1997 cuando la economía aún crecía al ocho por ciento. Con el agravante de que el crecimiento estimado para 2013, la inflación pronosticada y la caída de la demanda laboral -del 32 por ciento, según la UTDT- distan de ser un incentivo para el votante oficialista.
Se percibe una derechización en las posturas, particularmente en la clase media. Este es un concepto relacionado con un límite una "excesiva presencia estatal", a la tolerancia a los piquetes, o el resentimiento contra los cada vez más llamados "Planes Descansar" y, hasta cierto punto, una xenofobia creciente.
El masivo rechazo a la reforma constitucional, al voto adolescente, al cepo cambiario, la fallida presentación en Harvard, el extraño secuestro del testigo Severo -que nos deja un gusto agerezado en la boca, por su evocación al episodio protagonizado en Escobar por Luis Gerez-, los errores en algunos trámites judiciales y las acumuladas denuncias de corrupción, demuestran que la maquinaria empezó a fallar. Sea por ejecución o por percepción, lo mismo da.
Por otra parte, el efecto del 13S se tradujo en facilitar la protesta popular. Cuando el tren no arranca, la gente protesta ante los guardias y la boletería; en cuanto desapareció un testigo clave en el caso Pedraza, el PO se movilizó en pocas horas en todo el país; si le metieron mano al sueldo de los efectivos de la seguridad, los suboficiales de todas las fuerzas se manifiestan y solidarizan entre sí.
Entonces ¿quién capitalizará este enorme descontento? Allí el encuestador coincide con uno de los más cercanos colaboradores de Mauricio Macri: no hay que esperar liderazgos evidentes hasta marzo de 2013. Debe decantar este proceso y nacer una expectativa que llenará el que esté mejor parado en el período estrictamente preelectoral.
Ambos coinciden en que la oposición se ordenará alrededor de una pluralidad de dirigentes por distrito, en donde el peronismo disidente seguramente será un socio menor, mientras que el kirchnerismo blando (Scioli o Massa) difícilmente pueda jugar en las parlamentarias.
El PRO, que parece desistir de concentrarse en el fortalecimiento de un partido nacional y de un corpus ideológico claro -aunque haya empezado a dar señales algo más visibles al respecto con el veto al aborto en Capital-, manifiesta un pragmatismo digno de un triunfo electoral.
Quedarán mal parados los que quieran seguir los dictados de las estructuras tradicionales o de los medios masivos de comunicación que, aún incitando a la oposición, promueven comportamientos más efectivos en términos mediáticos que políticos.
Simultáneamente, el Gobierno se ha creado un innecesario problema con el FMI, al que vapuleó por la cuestión de la tarjeta amarilla, y con la coalición occidental  al coquetear con Irán. Le esperan aún bailes agitados con las elecciones venezolanas, norteamericana y las municipales brasileras.+)

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