Brasil: 250 años de tensiones

Tengo una mala noticia: no fue de casualidad; no fallé cuando viniste y tú no quisiste fallar, cantaría Coti Soroquín en ese hitazo  que canta sobre una relación casual.  Así es, no fue de casualidad. Este 1 de agosto van a ser 250 años desde que Carlos III de España decidió crear el Virreinato del Río de la Plata para poner un freno al avance portugués sobre lo que actualmente es la República Oriental del Uruguay. El rey español puso su capital en Buenos Aires, justo frente a la llamada Banda Oriental. El puerto de agua barrosa y de escaso calado era la salida al Atlántico más recomendable para las mercaderías americanas que debían enviarse a la Metrópoli. Pero también empezaba a ser muy visitada por los contrabandistas ingleses. Además, la joven urbe se había convertido en la ciudad más populosa y dinámica del nuevo virreinato. La mala noticia aquí es que el presidente Javier Milei desestimó los 40 años de esfuerzos por la paz regional -que también derivó en beneficios econó...

Al centro

Amanecer campero, en la ruta ocho
Tal vez Ricardo Alfonsín no sea Ricardito, ni mucho menos lo que nos han querido pintar los medios o concretamente aquellos que lo han tratado. De Daniel Scioli se dijeron cosas muy parecidas, y aún las sostienen los que lo tratan políticamente; pero a Scioli no le ha ido mal en términos electorales. Ese, y no otro, debe ser el foco de los próximos meses.
Alfonsín es un dirigente moderado, que contrasta claramente con el estilo gubernamental. No se diferencia mucho con los postulados oficiales que hoy son bendecidos por la opinión pública, sino del estilo confrontativo del kirchnerismo.
A diferencia de Scioli, se lo ve operando sus propias alianzas y relaciones.  Además, tiene ideas -anticuadas o no- y se apoya en ellas y en sus principios para realizar su acción política. Pero no se sofoca con ellas. Al contrario, como abanderado de la progresía se permite acordar con Francisco de Narvaez, elector clave del 23 de octubre, y de pulsear con el gobernador Hermes Binner. En esta disputa, aparece como un conciliador, un sujeto de consensos. Binner, desconocido por el gran público, quedó como atrapado por un ideologismo opuesto al clamor de unidad que se percibe en la gente que no se siente representada por el Gobierno.
Para aquellos que temen a la hiperinflación -karma que heredó de su padre, como Keiko Fujimori eln autoritarismo que le legó el suyo- manifestó su deseo de nombrar a Alfonso Prat Gay como ministro de Economìa. La Coalición Cívica puso el grito en el cielo, pero el aludido cayó prudentemente. ¿Un guiño para Lilita Carrio, con miras al ballotage?
Para las internas del 14 de agosto ya habrán pasado las elecciones de Capital, Santa fe y Córdoba, y Alfonsín no tendrá que pensar en Binner o Del Sel, Mauricio Macri o Pino Solanas, ni en Luis Juez u Oscar Aguad, y podrá dedicarse de lleno a las primarias abiertas y simultáneas y, a partir de allí, sumergirse en las nacionales.
Extrañamente, en un radical, parece deseoso de acceder al poder.+)

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