El cuarto triunfo de Lula

El triunfo de Lula da Silva en el balotaj merece algunas consideraciones en cuanto al impacto sobre la Argentina de Javier Milei. La primera es el pragmatismo de Milei, que es tanto como el idealismo que se desprende de sus expresiones. En sus casi tres años de gobierno, la relación comercial entre la Argentina y Brasil no solamente  no se contrajo sino que se mantuvo o hasta creció. Más aún, a pesar de sus expresiones contra los proteccionismos, la mitad del intercambio se debe al mercado automotriz. Para ilustrarlo vale aclarar que lo mismo puede decirse de la relación con China, que se mantuvo en volúmen y mejoró en materia de saldo favorable. Si Milei es pragmático, mucho más es lo que puede decirse de Lula, que es un clásico exponente de la dirigencia socialdemócrata europea. Por más que durante este último período se lo vio más descentrado, en la campaña y en el mensaje de anoche emitió señales inquívocas de que en el venidero su vicepresidente, Geraldo Alkmin -un experimenta...

Al centro

Amanecer campero, en la ruta ocho
Tal vez Ricardo Alfonsín no sea Ricardito, ni mucho menos lo que nos han querido pintar los medios o concretamente aquellos que lo han tratado. De Daniel Scioli se dijeron cosas muy parecidas, y aún las sostienen los que lo tratan políticamente; pero a Scioli no le ha ido mal en términos electorales. Ese, y no otro, debe ser el foco de los próximos meses.
Alfonsín es un dirigente moderado, que contrasta claramente con el estilo gubernamental. No se diferencia mucho con los postulados oficiales que hoy son bendecidos por la opinión pública, sino del estilo confrontativo del kirchnerismo.
A diferencia de Scioli, se lo ve operando sus propias alianzas y relaciones.  Además, tiene ideas -anticuadas o no- y se apoya en ellas y en sus principios para realizar su acción política. Pero no se sofoca con ellas. Al contrario, como abanderado de la progresía se permite acordar con Francisco de Narvaez, elector clave del 23 de octubre, y de pulsear con el gobernador Hermes Binner. En esta disputa, aparece como un conciliador, un sujeto de consensos. Binner, desconocido por el gran público, quedó como atrapado por un ideologismo opuesto al clamor de unidad que se percibe en la gente que no se siente representada por el Gobierno.
Para aquellos que temen a la hiperinflación -karma que heredó de su padre, como Keiko Fujimori eln autoritarismo que le legó el suyo- manifestó su deseo de nombrar a Alfonso Prat Gay como ministro de Economìa. La Coalición Cívica puso el grito en el cielo, pero el aludido cayó prudentemente. ¿Un guiño para Lilita Carrio, con miras al ballotage?
Para las internas del 14 de agosto ya habrán pasado las elecciones de Capital, Santa fe y Córdoba, y Alfonsín no tendrá que pensar en Binner o Del Sel, Mauricio Macri o Pino Solanas, ni en Luis Juez u Oscar Aguad, y podrá dedicarse de lleno a las primarias abiertas y simultáneas y, a partir de allí, sumergirse en las nacionales.
Extrañamente, en un radical, parece deseoso de acceder al poder.+)

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