Subsidios por leyes

El Presidente reapareció hoy en el Council of the Américas, tras días sin mostrarse en público. El discurso, como es natural en ese ámbito empresarial, empezó siendo económico -curiosamente, criticó a empresarios- y destacando sus logros, aunque luego derivó luego en temas más políticos y culturales que no llegaron a permear en la agenda mediática. Si bien se dejó trascender que él personalmente había lo elaborado en soledad y que se había esmerado, no está claro qué buscó conseguir. Porque si lo que quiso fue reinvindicar la economía, que fue lo inicial y aparentemente lo nuclear, no dejó de ser un planteo subjetivo y con cifras que difícilmente convenzan a quienes no reciben los beneficios de tales logros. Su reaparición coincidió con el final de una serie de reuniones del jefe de Gabinete, Diego Santilli, y del ministro de Economía, Luis Caputo, con gobernadores para retomar la actividad parlamentaria. Estuvieron con los gobernadores y funcionarios del Norte Grande, y los funcionari...

Al centro

Amanecer campero, en la ruta ocho
Tal vez Ricardo Alfonsín no sea Ricardito, ni mucho menos lo que nos han querido pintar los medios o concretamente aquellos que lo han tratado. De Daniel Scioli se dijeron cosas muy parecidas, y aún las sostienen los que lo tratan políticamente; pero a Scioli no le ha ido mal en términos electorales. Ese, y no otro, debe ser el foco de los próximos meses.
Alfonsín es un dirigente moderado, que contrasta claramente con el estilo gubernamental. No se diferencia mucho con los postulados oficiales que hoy son bendecidos por la opinión pública, sino del estilo confrontativo del kirchnerismo.
A diferencia de Scioli, se lo ve operando sus propias alianzas y relaciones.  Además, tiene ideas -anticuadas o no- y se apoya en ellas y en sus principios para realizar su acción política. Pero no se sofoca con ellas. Al contrario, como abanderado de la progresía se permite acordar con Francisco de Narvaez, elector clave del 23 de octubre, y de pulsear con el gobernador Hermes Binner. En esta disputa, aparece como un conciliador, un sujeto de consensos. Binner, desconocido por el gran público, quedó como atrapado por un ideologismo opuesto al clamor de unidad que se percibe en la gente que no se siente representada por el Gobierno.
Para aquellos que temen a la hiperinflación -karma que heredó de su padre, como Keiko Fujimori eln autoritarismo que le legó el suyo- manifestó su deseo de nombrar a Alfonso Prat Gay como ministro de Economìa. La Coalición Cívica puso el grito en el cielo, pero el aludido cayó prudentemente. ¿Un guiño para Lilita Carrio, con miras al ballotage?
Para las internas del 14 de agosto ya habrán pasado las elecciones de Capital, Santa fe y Córdoba, y Alfonsín no tendrá que pensar en Binner o Del Sel, Mauricio Macri o Pino Solanas, ni en Luis Juez u Oscar Aguad, y podrá dedicarse de lleno a las primarias abiertas y simultáneas y, a partir de allí, sumergirse en las nacionales.
Extrañamente, en un radical, parece deseoso de acceder al poder.+)

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