El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

La dama, en su casillero

Es muy difícil adivinir cómo serán los días por venir. Los escenarios posibles son:
a) Estimulada por la deificación de Néstor Kirchner y apoyada en su hijo Máximo, la Presidente decide ir por la reelección. Se propone profundizar el modelo y tomar venganza de aquellos a los que les atribuye la muerte de su marido, a aquellos que le han causado tantos disgustos: traidores, Moyano, Magnetto, etc. El radicalismo y el peronismo disidente vuelven a recuperar la mística opositora y se encaminan en vías separadas a enfrentar al oficialismo en las urnas, con buenas chances de éxito para uno u otro.
b) Convencida por su hija Florencia y cansada por tantos años de desgaste del poder, Cristina Fernández de Kirchner decide no postularse para una reelección presidencial en 2011. El sucesor natural sería Daniel Scioli. El peronismo oficial y disidente se abroquelaría en su derredor (en perjuicio de Eduardo Duhalde y de Unión PRO, principalmente). Una mesa de gobernadores conduciría la transición. Gobernabilidad asegurada. Probablemente, durante este período podrían tomarse decisiones correctivas de temas que están pendientes de resolución. El radicalismo sería el retador, pero con pocas chances de triunfo electoral.
Los días que pasaron dejan pensar que algo de estos dos escenarios puede suceder. Más aún tal vez podrían sucederse parte de los dos, en forma sucesiva. Sino, ¿porqué la Presidencia no emitió declaración alguna, no se comunicó formalmente la muerte sino mucho después de que haya sucedido el fallecimiento y hasta, según afirman algunas fuentes, no habrían transladado sino el féretro a Buenos Aires dejando el cadáver en Santa Cruz? Lo mismo puede decirse de la negativa a Julio Cobos y a Duhalde a participar en el velorio, o el no permitir velar a su marido, como dice la tradición política, en el Congreso Nacional. Todo esto habla más de una profundización de actitudes conocidas en el kirchnerismo que en un cambio de cultura política.
En unos días más, cuando pase la efervesencia de las emociones ante tan repentina noticia, puede ser que el bronce se derrita y las sucesivas crisis que pueda ir enfrentando un Gobierno que persiste en sus errores podría llevar a la Presidente a desistir del proyecto reelectivo.
Faltan algunos elementos aún para analizar. La dama aún sigue en su casillero.+

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