El peronismo busca reinventarse

En un tiempo en que los partidos parecen haber perdido incidencia política, las tribus herederas de Juan Perón buscan un restyling para mejorar sus oportunidades de cara a la renovación presidencial de 2027, con la pesada carga de la última gestión de Alberto Fernandez como recuerdo más reciente en el imaginario popular. En sus orígenes, Perón consideraba que el sindicalismo era la columna vertebral de su movimiento. Los obreros constituían la base de la sociedad y se nucleaban en una instancia de representación de tercer grado en la Confederación General de los Trabajadores (CGT), mayormente alineada en el peronismo. En la actualidad, la informalidad divide por mitades a la población argentina y las recientes crisis económicas crearon un nuevo segmento de representación, los movimientos sociales, que representan principalmente a los desocupados, que tienen afinidades políticas variadas aunque hay una mayor presencia de la izquierda; los informales, por su parte, se autoperciben como a...

Si, querido

La edición dominical de Perfil publica hoy en la tapa una encuesta de Management & Fit que asegura que Néstor Kirchner no tiene chances de ganar en ballotage frente a ninguno de los precandidatos públicamente reconocidos como tales.
Debemos suponer que el ex Presidente conoce la información, porque sin ésta no podría entenderse el fuerte impulso que la ha conferido al proyecto de Matrimonio Gay.
A juzgar por su comportamiento, es imprescindible distinguir entre la Presidencia de Néstor y de Cristina Kirchner. Néstor, durante su gestión, enfrentó intereses pero no tuvo batallas emblemáticas como las que emprendió la Presidencia de su esposa contra Clarín, el Campo y, ahora, la Iglesia. Es evidente que la cuestión militar no significaba en ese momento histórico riesgo alguno para la estabilidad institucional.
También es cierto que estos grandes enfrentamientos recientes parieron un sujeto colectivo que nadie creía compacto o real hasta 2008: el kichnerismo. Se entendía por tal a la masa de dirigentes que, atraídos por cuestiones administrativas, acudían a Olivos a rendir pleitesía.
La administración Fernandez de Kirchner, en cambio, dio batallas que dieron mística y valores al proyecto político gubernamental.
En ese sentido, esa iniciativa parecería procurar enfurecer a ciertos segmentos de la población que podrían juzgarse como refactarios al pensamiento que habita los pasillos oficiales.
Hay una extraña contradicción, que suena parecida a la que produjo el peronismo que terminó quemando las Iglesias. Porque, si bien esta campaña permitirá adherir el núcleo duro K, también lo es el hecho de que gran parte del oficialismo proviene de la ortodoxia justicialista que abreba en la Doctrina Social de la Iglesia y en los estamentos populares bonaerenses y del interior y que de progresista tienen muy poco.
La Iglesia, a diferencia del Campo, está dividida en esta batalla. Hay un sector liderado por Jorge Bergoglio, que quisiera dejar cerrado este debate con una Unión Civil bendecida por la ley; otro, no quiere saber nada con normativizar a lo que considera una desviación del orden natural. Más aún, los curas carecen de un vocero carismático que les permita difundir su mensaje masivamente y, de esa forma, dar la batalla política que desearía el sector capitaneado por el arzobispo de La Plata,  Mons. Héctor Aguer.
En el medio están los legisladores, que deben dar explicaciones por apoyar un proyecto tan lejano a su ideario.
Una derrota legislativa podría costar muy caro al oficialismo. Dejaría inaugurada, de hecho, la etapa del Pato Rengo, si es que no comenzó ya con la hiperactividad de la oposición parlamentaria.
El peronismo tiene la última palabra. ¿Será "si, querido"? .+)

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