El cuarto triunfo de Lula

El triunfo de Lula da Silva en el balotaj merece algunas consideraciones en cuanto al impacto sobre la Argentina de Javier Milei. La primera es el pragmatismo de Milei, que es tanto como el idealismo que se desprende de sus expresiones. En sus casi tres años de gobierno, la relación comercial entre la Argentina y Brasil no solamente  no se contrajo sino que se mantuvo o hasta creció. Más aún, a pesar de sus expresiones contra los proteccionismos, la mitad del intercambio se debe al mercado automotriz. Para ilustrarlo vale aclarar que lo mismo puede decirse de la relación con China, que se mantuvo en volúmen y mejoró en materia de saldo favorable. Si Milei es pragmático, mucho más es lo que puede decirse de Lula, que es un clásico exponente de la dirigencia socialdemócrata europea. Por más que durante este último período se lo vio más descentrado, en la campaña y en el mensaje de anoche emitió señales inquívocas de que en el venidero su vicepresidente, Geraldo Alkmin -un experimenta...

Si, querido

La edición dominical de Perfil publica hoy en la tapa una encuesta de Management & Fit que asegura que Néstor Kirchner no tiene chances de ganar en ballotage frente a ninguno de los precandidatos públicamente reconocidos como tales.
Debemos suponer que el ex Presidente conoce la información, porque sin ésta no podría entenderse el fuerte impulso que la ha conferido al proyecto de Matrimonio Gay.
A juzgar por su comportamiento, es imprescindible distinguir entre la Presidencia de Néstor y de Cristina Kirchner. Néstor, durante su gestión, enfrentó intereses pero no tuvo batallas emblemáticas como las que emprendió la Presidencia de su esposa contra Clarín, el Campo y, ahora, la Iglesia. Es evidente que la cuestión militar no significaba en ese momento histórico riesgo alguno para la estabilidad institucional.
También es cierto que estos grandes enfrentamientos recientes parieron un sujeto colectivo que nadie creía compacto o real hasta 2008: el kichnerismo. Se entendía por tal a la masa de dirigentes que, atraídos por cuestiones administrativas, acudían a Olivos a rendir pleitesía.
La administración Fernandez de Kirchner, en cambio, dio batallas que dieron mística y valores al proyecto político gubernamental.
En ese sentido, esa iniciativa parecería procurar enfurecer a ciertos segmentos de la población que podrían juzgarse como refactarios al pensamiento que habita los pasillos oficiales.
Hay una extraña contradicción, que suena parecida a la que produjo el peronismo que terminó quemando las Iglesias. Porque, si bien esta campaña permitirá adherir el núcleo duro K, también lo es el hecho de que gran parte del oficialismo proviene de la ortodoxia justicialista que abreba en la Doctrina Social de la Iglesia y en los estamentos populares bonaerenses y del interior y que de progresista tienen muy poco.
La Iglesia, a diferencia del Campo, está dividida en esta batalla. Hay un sector liderado por Jorge Bergoglio, que quisiera dejar cerrado este debate con una Unión Civil bendecida por la ley; otro, no quiere saber nada con normativizar a lo que considera una desviación del orden natural. Más aún, los curas carecen de un vocero carismático que les permita difundir su mensaje masivamente y, de esa forma, dar la batalla política que desearía el sector capitaneado por el arzobispo de La Plata,  Mons. Héctor Aguer.
En el medio están los legisladores, que deben dar explicaciones por apoyar un proyecto tan lejano a su ideario.
Una derrota legislativa podría costar muy caro al oficialismo. Dejaría inaugurada, de hecho, la etapa del Pato Rengo, si es que no comenzó ya con la hiperactividad de la oposición parlamentaria.
El peronismo tiene la última palabra. ¿Será "si, querido"? .+)

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