El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Pírrico Placard

Néstor finalmente sacó al peronismo del placard. Yo había oído que la doctrina justicialista no reconocía a gays ni homosexuales, sino a putos. Si, es brutal, es absolutamente cierto. Pero eso debería ser ilustrativo de lo lejos que el PJ estaba de sancionar el matromonio gay; aunque vale decir que tan lejos como estaba el PRO de promoverlo.
No es éste el lugar de las valoraciones sino del análisis político, desde la perspectiva de la gobernabilidad. En este sentido, lo único que se puede señalar es que el oficialismo obtuvo una resonante victoria pero que pagó un precio tal vez arriesgadamente alto.
El triunfo fue doblegar a la Iglesia, a la que curiosamente este gobierno nacional y popular tiene en la vereda de enfrente. No le ganó a Bergoglio, como se dice. El cardenal primado de la Argentina había perdido una votación episcopal en la que propiciaba impulsar la unión civil. La Iglesia votó oponerse al hecho de que se pudiera legalizar la unión entre homosexuales. De hecho, pierden mons. Aguerr y los suyos. ¿Pierden? Para el seno de la Iglesia fueron los que encabezaron los esfuerzos para impedir la sanción; y son gobierno con Benedicto XVI. Néstor, sí, tiró a la Iglesia a la derecha. Puede considerarlo un éxito, solamente porque es funcional a su estilo de confrontación permanente que ya no rinde electoralmente.
Pero es un riesgo. Kirchner logró hacer aprobar con el voto de los radicales, de Luis Juez, de los progresistas y de parte de su bloque. pero tuvo a varios compañeros votando en contra... en el Senado Nacional!
Kirchner pone a sus compañeros en una difícil situación. Vota como los progresistas... de la oposición; y se diferencia de los suyos. ¿Quién pierde? Las oposición no va a volver a votar por él, salvo que pase un cataclismo; los suyos, en cambio, son una incógnita.+)

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