El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Bajón

Falta poco más de un mes para que asuman los legisladores elegidos el 28 de junio.
El Gobierno, a contra pelo de la buena práctica institucional, aceleró todas las leyes pendientes que pudo con la antigua relación de fuerzas e impuso un nuevo marco legal vacío de legitimidad política. Ahora encara un esquema de reforma electoral para lograr imponerse como el candidato del peronismo, más allá de lo que sus compañeros piensan: que está muerto.
En sus años de administración, el kirchnerismo logró vaciar de poder a las provincias y fortaleció a las facultades nacionales, apalancado en la fuerza bonaerense. Un retroceso histórico. Patético.
No tiene sentido salir en defensa de los gobernadores peronistas, ni sumarse al coro de críticos de la oposición, porque estos aún no tienen el poder que le asingó la gente en los últimos comicios. Es lamentable ver que los medios le hacen el juego a K criticando a los opositores. La única culpa es la total desaprensión de los Kirchner para con las instituciones democráticas. Es más, es impresionante ver cómo la nueva dirigencia respeta al Ejecutivo más allá de lo que haga, de sus acciones. Han desacralizado a la voluntad popular. Pero la oposición no rompe límites. Lo esperan. Saben que no tiene chances de recuperar un nivel de aprobación que lo pueda habilitar a un nuevo mandato. Le aguantan sus humillaciones, su destrato, sus trampas. Hacen lo que pueden. Ponen la otra mejilla.
Esperemos que la gente sepa valorar, más allá de las histéricas valoraciones mediáticas, lo que uno y otros han hecho en su favor.+

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