El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Instancias finales

Prácticamente toda la oposición ha declarado que el dialogo político convocado por la Presidente el 9 de julio último es inconducente.
El Gobierno Nacional está perdiendo la posibilidad de negociar el poder, desde una posición de cierta fortaleza, con quienes se establecerán en el Congreso desde diciembre; los ganadores de junio se manifestaron favorables a hacerlo.
El fracaso legislativo con el "tarifazo" lastimó seriamente al Poder Ejecutivo. El oficialismo tuvo la rápida reacción de imponerse en Diputados con las "facultades delegadas" sin ceder un ápice al Campo, que reclamaba aprovechar la oportunidad a fin de habilitar alguna concesión en materia de retenciones. Ese triunfo logró despejar la sensación de muerte política del kirchnerismo, pero probablemente estableció una fecha de vencimiento más temprana. El modelo que Elisa Carrio definió como "autoritario" no da para más.
No está claro si es que los Kirchner intentan mantener este formato como el único o si es que no conocen otros, y no están dispuestos a ensayar. La difícil situación de los bloques justicialistas en el Congreso permite pensar que, al mejor estilo de Carlos Menem, los Kirchner están dispuestos a hacer todo para evitar que los suceda un peronista.
Hay que ver los esfuerzos que hace el peronismo bonaerense por mostrarse en condiciones de disputarle el poder a la oposición. Los disidentes cantarían esa misma canción, como una forma de cotizarse ante las huestes personalistas de Unión PRO, pero el Matrimonio Presdiencial amenaza con contaminar todos los símbolos partidarios con una peste incurable.
La pelea con Clarín por los derechos de televisación del fútbol permiten hacer una doble lectura: quieren aparecer como los paladines de la izquierda y, en caso de que no puedan llevar a cabo sus planes más ambiciosos, ser víctimas de algún poderoso deleznable para el sector que pretenden representar.
Es presumible que, en caso de que sobrevivan a esta pelea con el Gran Diario Argentino, proviquen una crisis similar antes de diciembre.+)

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