Malvinas: una semana que puede ser clave

Puede ser que la semana que viene sucedan cosas importantes en la política internacional. La semana que viene será la Asamblea Anual de las Naciones Unidas, un foro que en los últimos años pasó bastante desapercibido pero que esta vez coincide con unn in crescendo de declaraciones del presidente norteamericano, Donald Trump, que parecen perfectamente hilvanadas para que algo suceda. Es obvio que la cuestión Malvinas fuera algo que se podría resolver unilateralmente, por lo que la Argentina concurre anualmente a ese foro a pedir el apoyo de las naciones para instar a Gran Bretaña a negociar con la Argentina por la soberanía de las islas.  La inmensa mayoría de las veces, los Estados Unidos mantuvieron una posición de neutralidad afín a la postura británica. Pero a juzgar por la reciente declaración inesperada en favor de la reunificación irlandesa, ¿no se podría esperar un cambio en ese sentido? Visto con perspectiva cobran sentido las sospechas europeas de que la monarquía marroqu...

4ta víctima: la apertura indiscriminada

La pandemia del coronavirus se cobró otra víctima: la apertura indiscriminada.
En los últimos años la cuestión migratoria se había impuesto en la agenda. El muro de los nortemaericanos para contener a sus vecinos del sur fuera de sus fronteras, las naves de inmigrantes que surcaban el Mediterráneo para desembarcar en las costas europeas, los hermanos latinoamericanos que venían a Buenos Aires, los porteños que se iban a Europa y a Estados Unidos, mientras los italianos que salían para Suiza y los franceses a Canadá, como decíamos el 15 de enero último con la nueva ola emigratoria.
Las imágenes de comfort y de vida fácil atrajeron a la gente del campo a la ciudad, otros lo hicieron buscando trabajo o salieron de un pueblo chico a una ciudad.
Se vieron algunas consecuencias en Europa: comportamientos tercermundistas, como las protestas de los chalecos verdes, el terrorismo protagonizado por connacionales o el populismo, que invadió a los Estados Unidos y a las principales economías del mundo; un populismo, por su parte, curiosamente xenófobo.
La globalización se terminó de configurar de este modo como un fenómeno de hipermovilidad acelerado e histérico, sin raíces ni memoria, en búsqueda de la felicidad quimérica distrazada de comfort.
Cuando ya era impensable la vuelta atrás, un suceso imperceptible a los sentidos -el Covid_19- provocó terror. La gente interpuso barreras invisibles entre sí, aún a corta distancia, dado el contagio por contacto y agradeció la recomendación de la cuarentena. Hubiera sido mucho peor si esta pandemia hubiera sido de contagio aéreo.
Rápidamente se reimpuso el control fronterizo aún en donde no existían fronteras, como en algunos pueblos y ciudades, que hicieron barricadas para aislarse; el transporte de media y larga distancia se frenó en casi todo el mundo, y el de corta funciona en forma parcial.
Las fronteras económicas se mantendrán lo más cerrada que puedan mucho tiempo más para que la producción de mercancías vuelvan a generar trabajo e ingresos; y éstos, el consumo que la economía necesita para reactivar la rueda.
Las megalópolis, que ya tenían claro que no son sustentables y que deben reducir su densidad poblacional, deberán acelerar los procesos que se pretendían hacer en forma levemente forzada a una relocalización proactiva.
Nuestro país debe revisar su desarrollo territorial. No debe seguir creciendo megacefálico. Necesita equilibrar su dimensión respecto del interior. Si no lo hacemos nosotros, lo harán otros.+)

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