La distensión y los chacales

Tras la frustrada semana en que el ministro de Desregulación, Federico Sturzzenegger, sufrió la cuadruple derrota, el oficialismo parece buscar una zona de distensión actitud que puede ser tomada como debilidad por sus frágiles aliados. El paro de los prácticos, que paralizó el comercio exterior argentino y congeló un decreto de desregulación que necesitaba el sector, dejó en evidencia los límites del actuar impetuoso del apodado "Coloso". Paralelamente, los senadores le fueron deshojando los pétalos de la denominada "Ley de Tierras" hasta que la senadora Patricia Bullrich obtuvo al menos la aprobación del capítulo correspondiente a los desalojos.  Inicialmente, el oficialismo la llamó Ley de Propiedad Privada e incluía un capítulo que pretendía corregir una ley que congela la productividad de bienes que hayan sufrido incendios -que se presumen derivados de desmonte-, uno que desandaba una regularaización que favorecía a los villeros y que mereció el apoyo de la Igl...

4ta víctima: la apertura indiscriminada

La pandemia del coronavirus se cobró otra víctima: la apertura indiscriminada.
En los últimos años la cuestión migratoria se había impuesto en la agenda. El muro de los nortemaericanos para contener a sus vecinos del sur fuera de sus fronteras, las naves de inmigrantes que surcaban el Mediterráneo para desembarcar en las costas europeas, los hermanos latinoamericanos que venían a Buenos Aires, los porteños que se iban a Europa y a Estados Unidos, mientras los italianos que salían para Suiza y los franceses a Canadá, como decíamos el 15 de enero último con la nueva ola emigratoria.
Las imágenes de comfort y de vida fácil atrajeron a la gente del campo a la ciudad, otros lo hicieron buscando trabajo o salieron de un pueblo chico a una ciudad.
Se vieron algunas consecuencias en Europa: comportamientos tercermundistas, como las protestas de los chalecos verdes, el terrorismo protagonizado por connacionales o el populismo, que invadió a los Estados Unidos y a las principales economías del mundo; un populismo, por su parte, curiosamente xenófobo.
La globalización se terminó de configurar de este modo como un fenómeno de hipermovilidad acelerado e histérico, sin raíces ni memoria, en búsqueda de la felicidad quimérica distrazada de comfort.
Cuando ya era impensable la vuelta atrás, un suceso imperceptible a los sentidos -el Covid_19- provocó terror. La gente interpuso barreras invisibles entre sí, aún a corta distancia, dado el contagio por contacto y agradeció la recomendación de la cuarentena. Hubiera sido mucho peor si esta pandemia hubiera sido de contagio aéreo.
Rápidamente se reimpuso el control fronterizo aún en donde no existían fronteras, como en algunos pueblos y ciudades, que hicieron barricadas para aislarse; el transporte de media y larga distancia se frenó en casi todo el mundo, y el de corta funciona en forma parcial.
Las fronteras económicas se mantendrán lo más cerrada que puedan mucho tiempo más para que la producción de mercancías vuelvan a generar trabajo e ingresos; y éstos, el consumo que la economía necesita para reactivar la rueda.
Las megalópolis, que ya tenían claro que no son sustentables y que deben reducir su densidad poblacional, deberán acelerar los procesos que se pretendían hacer en forma levemente forzada a una relocalización proactiva.
Nuestro país debe revisar su desarrollo territorial. No debe seguir creciendo megacefálico. Necesita equilibrar su dimensión respecto del interior. Si no lo hacemos nosotros, lo harán otros.+)

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