El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Matador

Foto: Cronista.com
Hoy comienza a disputarse la Copa del Mundo en Rusia.
Un 14 de junio hace 40 años Mario Alberto Kempes, “el Matador”, hacía los dos goles a Polonia en Rosario -nos habían ganado en la edición anterior- y nos proyectaba hacia la primer conquista argentina en la historia de los mundiales.
Para quienes éramos chicos, esos recuerdos son imborrables. Gritamos, sufrimos y reímos y, por un momento, todos tiramos para el mismo lado, a pesar de que para muchos el término "Matador" significara algo terrible por esos días.
El deporte, como las bellas artes, pueden construir puentes hacia donde parece imposible llegar; y, entre los deportes, el fútbol es pasión de multitudes.
Que esto sirva para matizar los sentimientos de los muchos que hoy quedamos desgarrados por el resultado de la votación en Diputados en favor de la Legalización del Aborto y para quienes eso del "Matador" cobra nuevamente otro significado.
Aprendamos a perdonar, a dar vuelta la página y a amar a nuestros hermanos por sobre todas las cosas.
Que el fútbol no sea solamente un divertimento, una distracción, sino el motivo para encontrarnos con nuestro prójimo y, más allá de las diferencias, dejarnos confundir en un abrazo.
Dios quiera que, en los próximos días, podamos volver a gritar todos juntos "¡Vamos, Argentina!"

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