El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

El Reino del Principito

El 6 de abril de 1943 se publicó por primera vez El Principito, de Antoine de Saint-Exupery.
El Principito era un extraterrestre que se encontró con el narrador en el desierto, en donde había caído su avión. El libro intercala diálogos en un peregrinar entre espacial y desértico, en el que surgen fragmentos tan valiosos como éste que distingue el amor del querer: “Amar es desear lo mejor para el otro, aun cuando tenga motivaciones muy distintas. Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón”.
Es natural encontrar un ejemplar del Principito en cualquier biblioteca. Recomendamos su relectura.
Recientemente un empresario sin antecedentes literarios, Alejandro Roemmers, en un gesto que merece ser destacado, escribió el El Regreso del Principito para destacar los valores que allí quedaron registrados, como cuando dice: “He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.+)

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