Subsidios por leyes

El Presidente reapareció hoy en el Council of the Américas, tras días sin mostrarse en público. El discurso, como es natural en ese ámbito empresarial, empezó siendo económico -curiosamente, criticó a empresarios- y destacando sus logros, aunque luego derivó luego en temas más políticos y culturales que no llegaron a permear en la agenda mediática. Si bien se dejó trascender que él personalmente había lo elaborado en soledad y que se había esmerado, no está claro qué buscó conseguir. Porque si lo que quiso fue reinvindicar la economía, que fue lo inicial y aparentemente lo nuclear, no dejó de ser un planteo subjetivo y con cifras que difícilmente convenzan a quienes no reciben los beneficios de tales logros. Su reaparición coincidió con el final de una serie de reuniones del jefe de Gabinete, Diego Santilli, y del ministro de Economía, Luis Caputo, con gobernadores para retomar la actividad parlamentaria. Estuvieron con los gobernadores y funcionarios del Norte Grande, y los funcionari...

El Reino del Principito

El 6 de abril de 1943 se publicó por primera vez El Principito, de Antoine de Saint-Exupery.
El Principito era un extraterrestre que se encontró con el narrador en el desierto, en donde había caído su avión. El libro intercala diálogos en un peregrinar entre espacial y desértico, en el que surgen fragmentos tan valiosos como éste que distingue el amor del querer: “Amar es desear lo mejor para el otro, aun cuando tenga motivaciones muy distintas. Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón”.
Es natural encontrar un ejemplar del Principito en cualquier biblioteca. Recomendamos su relectura.
Recientemente un empresario sin antecedentes literarios, Alejandro Roemmers, en un gesto que merece ser destacado, escribió el El Regreso del Principito para destacar los valores que allí quedaron registrados, como cuando dice: “He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.+)

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