Milei: segunda fase

El presidente argentino Javier Milei obtuvo su primer logro político luego de haber sido ratificado en las urnas, en las elecciones de medio término, en octubre. La Argentina no tenía un presupuesto aprobado por ley desde Noviembre de 2022, cuando el presidente era aún Alberto Fernandez. Esta votación le permitió revalidar su capacidad de gestión, ya que logró lo que ningún gobierno no peronista pudo desde el retorno a la democracia de 1983: obtener una mayoría en el Senado; y en solo dos años logró también la primera minoría en Diputados. No se trata de votos propios, de los que suma muy poco en ambas cámaras, sino un conglomerado de bloques y minibloques que le permiten sentarse a negociar cómodamente con aquellos que le dan el quórum. No cabe duda de que Milei es un perro verde, una mosca blanca, porque es un referente de ideas que hasta hace muy poco eran minoritarias en la Argentina y que logró, con una dialéctica purista, una gestión altamente pragmática. No tiene ningún prurito ...

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Hay una serie de episodios que han convertido en apremiante a la actual situación político económica:
+ El Gobierno tiene un problema de caja, que trata de resolver con recursos sobre los que actualmente no tiene a su alcance. Tiene inclusive una excelente situación crediticia, por si quisiera salir a financiarse en el exterior donde aún hay crédito. Tal vez a una tasa no baja, pero tiene maneras de hacerlo.
+ Según afirman los economistas, no bajó el gasto y, lo que es peor, continúa emitiendo moneda sin respaldo a gusto y placer.
+ No sinceró la distorsión de precios y tarifas principalmente en el sistema de transporte y en el energético, que continúan altamente subsidiados y que son deficitarios.
+ El desfinanciamiento lo pagan las provincias, que no reciben lo que necesitan para pagar sus cuentas, principalmente sus sueldos, y las empresas de servicios públicos, que necesitan atender sus necesidades crecientes con menores recursos.
+ Este fenómeno se produce en un contexto de disminución del ritmo económico, de pérdida de competitividad de las exportaciones argentinas y de exigentes demandas salariales. Las circunstancias económicas, políticas y sociales tienen algunas simetrías con las del proceso de principios de la década del 70 que culminó en el Rodrigazo.
+ En materia política se perciben grietas en la aparente hegemonía política. La anunciada precandidatura presidencial del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, para el caso de que Cristina Fernandez no deseara proyectarse a una nueva reelección; el pronunciado aislamiento de la Presidenta, a quien prácticamente no se le conocen consejeros permanentes; la dispersión de votos en el forzado intento por hacer del controvertido Daniel Reposo como nuevo Procurador General de la Nación, y el sistemático recambio de equipos del viejo nestorismo por La Cámpora o por los peronistas noventistas, paradójicamente capitaneados por el SuperSecretario de Comercio Guillermo Moreno, son elementos que crispan la piel de la Ortodoxia Peronista.
+ La caída de la imagen presidencial (que cayó significativamente en el Area Metropolitana Buenos Aires a niveles similares a los de la crisis con el Campo) y la indisponibilidad de fondos para financiar a las provincias pueden ser un combustible propicio para un conflicto político. Si a eso le sumamos a un sector sindical dividido y alzado entre sí y contra el Gobierno, por un lado, y al paro nacional convocado por la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias -convergente con el convocado por los Camioneros-, por el otro, sólo hace falta un disparador para que se encienda un conflicto generalizado
+ La creciente y persisitente presencia de las cacerolas callejeras puede ser una chispa; la reunión de algunos gobernadores sin motivo aparente o, peor aún, para hacer escuchar públicamente sus quejas en materia de financiamiento, y el agudo rol de los medios más destacados en cubrir semejantes circunstancias harían el resto.+

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