El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

La agenda de Moyano

El ex presidente Néstor Kirchner manejaba con cintura la relación con el titular de la CGT. No obstante, el margen se angostaba cada vez más. Ante la actual falta del fuelle de contención, el creciente protagonismo de Hugo Moyano implica concretamente la imposición de una agenda al Gobierno Nacional, a saber:
+ Presión sobre la inflación. La relación precio - salarios podría determinar la suerte política del Gobierno, si no pudiera contener esa tensión en niveles de razonabilidad.
+ Decisiones macroeconómicas. Mientras la Presidente esté atenta a los acuerdos entre gremios y empresas, la sobrevaluación del dólar, el mantenimiento de subsidios y el bajo nivel de las tarifas, no parecería que fueran a resolverse.
+ Calidad Institucional. La paz con Moyano podría acarrearle algunos compromisos con la Justicia. El dirigente sindical habría tomado como amenaza una broma de Cristina Fernandez respecto de la posibilidad de ir preso.
+ Los realineamientos. Habría que ver qué actitud toma el Partido Justicialista, básicamente los caudillos territoriales y las bancadas parlamentarias del Frente para la Victoria, en ese precario equilibrio que comparten con el camionero. El 2011 seduce fuertemente a la "rama política" del partido.
+ Progresismo. Acercarse a Moyano implica alejarse del progresismo y, concretamente, de algunos actores que eran cercanos, como la CTA y de parte del electorado.
+ Control de las calles. Arreglar o romper con el sindicalismo ortodoxo debe suponer un plan B, respecto de la posibilidad de recrudecimiento de la violencia callejera.
No parece poco lo que está en juego. La excesiva atención puede crear una peligrosa expectativa sobre la resolución del caso. Pero la aparente preocupación tampoco sería vista con tranquilidad por muchos sectores.
Está embarrada la cancha en la que debe moverse quien quiera conducir al equipo al otro lado del campo de juego.+

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