El cuarto triunfo de Lula

El triunfo de Lula da Silva en el balotaj merece algunas consideraciones en cuanto al impacto sobre la Argentina de Javier Milei. La primera es el pragmatismo de Milei, que es tanto como el idealismo que se desprende de sus expresiones. En sus casi tres años de gobierno, la relación comercial entre la Argentina y Brasil no solamente  no se contrajo sino que se mantuvo o hasta creció. Más aún, a pesar de sus expresiones contra los proteccionismos, la mitad del intercambio se debe al mercado automotriz. Para ilustrarlo vale aclarar que lo mismo puede decirse de la relación con China, que se mantuvo en volúmen y mejoró en materia de saldo favorable. Si Milei es pragmático, mucho más es lo que puede decirse de Lula, que es un clásico exponente de la dirigencia socialdemócrata europea. Por más que durante este último período se lo vio más descentrado, en la campaña y en el mensaje de anoche emitió señales inquívocas de que en el venidero su vicepresidente, Geraldo Alkmin -un experimenta...

Entre la espada y la pared

Era previsible. Los senderos se fueron angostando y quedó evidenciado que la formación K tenía un fogonero, un señalero y un maquinista que responden a un jefe, que no es Néstor. Parece que si, que el ex presidente asiente con magnanimidad cuando le son consultadas las órdenes. Lo cierto es que jamás se vio contradecir a esa tropa; nunca tuvo un sí ni un no con Hugo Moyano. Siempre Néstor tuvo la última palabra, pero no está claro que haya sido exactamente la que haya querido dar.
Hace pocos días, cuando fue el masivo acto de River -todavía no entendí si fue del peronismo bonaerense o de la CGT- hasta los menos avezados cayeron en que el caballo de troya era impulsado por los trabajadores.
"¿Es este el gobierno popular?", se preguntan los jovenes del Partido Obrero. Paradójicamente era la misma pregunta que se hacía la JP en los 70. ¿Exceso de pragmatismo? ¿cortoplacismo? ¿reacciones estentóreas? Da lo mismo. La mayor parte del Partido Justicialista desearía tener un candidato ganador, como Daniel Scioli o Carlos Reutemann, y no tener que cargar con el depreciado candidato del Gobierno. Pero parece imposible que el matrimonio presidencial dé el paso al costado y que, nuevamente en coincidencia con los procedimientos del ex presidente Carlos Menem, favorezca el triunfo de un candidato radical -muy probablemente Ricardo Alfonsín- para dar cumplimiento a esa vieja voz profética: los que me sucedieron, me redimieron.
Pero la muerte de Marcelo Ferreyra y sus derivaciones amenazan golpear en la Santa Bárbara. No hay olor ni color de desenlace fatal, pero lo cierto es que esta crisis tiene todos los condimentos para tenerlo.+)

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