El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Doble decapitación


Fiel a la audacia y al estilo confrontativo que caracterizó al gobierno de los Kirchner, la Presidente encaró con decisión sendos combates contra el gobernador Daniel Scioli y del sindicalista Hugo Moyano.
Se trata de cabezas visibles de problemas más profundos.
La humillación que sufrió Scioli esta semana en el acto de Gral. Rodríguez -que se ilustra arriba con foto- fue una muestra de lo que todos los intendentes y gobernadores pueden sufrir en caso de aparecer involucrados en conciliábulos destituyentes. No sólo lo comparó con Hermes Binner -es decir, con un opositor- sino que lo abofeteó en frente a la Nación toda por cadena nacional.
Pero la falta de fondos y, más aùn, de un proyecto superador de la actual coyuntura pone a todos los caudillejos justicialistas cerca de la deliberación. Hay gobernadores que ya tienen emitidos bonos provinciales por cualquier eventualidad.
La situación de Moyano también se parece a la descuartización de la lombriz que, como se sabe, no se muere sino que se multiplica. Y la multiplicación del gremialismo en competencia es más peligroso que seccionar a una lombriz.
Ciertamente, Cristina hace gala de decisión y de carácter, pero uno supone que sus oficiales ruegan para que no se le acaben la caja ni la buena imagen.+)

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