El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Tiempo Nuevo

Hoy termina el largo proceso iniciado hace una década y que hizo eclosión el 20 de diciembre de 2001.
El espacio nacional y popular, que emergió de aquella revuelta, vino para quedarse por largo tiempo. Primero fueron Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna, luego Néstor y Cristina Kirchner.
Tres de cada cuatro argentinos optaron por candidatos de ese perfil (Cristina Fernandez de Kirchner, Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saa), que tienen un proyecto latinoamericano con base en las clases bajas, con distintos grados de republicanismo, mientras que uno de cada tres eligieron a progresistas y liberales (Hermes Binner, Ricardo Alfonsín y Lilita Carrio), que tienen proyectos de carácter global y de clases medias. Como en Europa, el mapa político quedó claramente configurado entre democristianos y socialistas, pero con proporciones muy diferenciadas.
La oposición se dispersó tanto que se quedó sin figuras referenciales. Tendrá que reinventarse.
Los principales oponentes al proyecto oficial serán internos. Son más atractivos los gobernadores que se perfilan para la sucesión presidencial que el másdelomismismo que ofrecen los que pasaron por la vereda de enfrente en 2011.
Lo cierto es que las dificultades gubernamentales que pueden significar la falta de una oposición articulada lo van a ofrecer los desafíos que presente la crisis económicas que se gesta en Europa y el nuevo escenario del poder mundial, con un liderazgo norteamericano en cuestión; uno, chino, que se presenta como novedoso, y con una Sudamérica extrañamente protagónica.
Habrá que hacer tabla rasa para comprender la lógica de este tiempo nuevo.+)

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