El arrebato

El manejo del tiempo es una variable cuya incidencia en política es decisiva. De la misma manera que una receta de cocina no se limita a contar con los ingredientes precisos sino que requieren para elaborar un plato, además de respetar un procedimiento determinado y, según recomendarían las abuelas, un momento exacto para su cocción, en la política hay que tener poder, los atributos visibles del poder y saber utilizarlos en el momento exacto de modo tal de no forzar el proceso y fallar en la consecución de los objetivos. Pero, tal como solemos insistir, al presidente Javier Milei no le agrada la política y, por más que entienda acabadamente cómo funcionan sus mecanismos, no siempre dispone de la paciencia que requiere este complejo arte. Dijimos en nuestra última columna que tenía una gran oportunidad con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso para establecer una agenda de profundas transformaciones. Pero Milei prefirió tensar con la oposición y convertir un año de gestión...

Pocas Nueces

Hay pocos hechos que valga la pena destacar en estos últimos días.
Primero, está la hiperacción de Héctor Magnetto. El CEO del Grupo Clarín apareció como protagonista en dos reuniones clave: la reunión de los empresarios reunidos en las cúpulas de la Unión Industrial Argentina (UIA) y en la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA), por un lado, y la comida en su domicilio con cinco de los principales dirigentes del peronismo disidente, por el otro.
Lo curioso es que estas acciones aparecieron cuando una gran parte del establishment, instigados quizás por una información publicada en jorgeasisdigital.com.ar, empezaba a dudar de la posibilidad de un acuerdo entre el Gran Diario Argentino y el ex presidente Néstor Kirchner.
La movida empresaria es toda una señal. Había habido comentarios muy críticos del mundo económico contra el duro discurso de Hugo Biolcati en la inauguración de la Rural. No obstante, esa disconformidad no alcanzó para aplacar el propio disgusto que produce el estilo K.
El cónclave político, en cambio, fue un intento por salir del inmovilismo. Resultó una ratificación de que el peronismo irá dividido entre oficialismo y oposición y que el primero de ellos tiene más chances de crecer que el que aparece como disidente; al menos, por ahora. Sin un candidato atractivo, la opción neoconservadora liderada por Unión PRO cedería al kirchnerismo el duelo con el panradicalismo, relegándose a un tercer lugar. Pero aún falta mucho. Para bien o para mal. Su principal espada, Mauricio Macri, parecería estar muy amenazado por instancias judiciales muy variadas y difícilmente pueda mantenerse indemne de tanto embate.
El Gobierno, por su parte, sigue acomodándose y los analistas hablan de un acomodamiento en las encuestas que estaría regado por el derrame del crecimiento económico. Su sombra es la inflación, una amenaza nada despreciable si se llegara a salir de control.
El rumor de una fórmula presidencial encabezada por Néstor Kirchner y Daniel Scioli, con Cristina Fernández, para la gobernación de Buenos Aires bajo el estigma de Hugo Moyano como presidente del partido en el orden provincial, no parecen ser apuestas tan inrteresantes para el electorado. Pero eso tampoco es un hecho hasta el momento.
El camino parecería ser propicio para el panradicalismo. Pero estamos a más de un año de las elecciones que, visto a ojos de hoy, no parecieran adelantarse nuevamente.+)

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